sábado, 27 de junio de 2015

LO QUE NO EXISTE



Habíamos decidido que ese era nuestro lugar en el mundo, el lugar que nos parecía más adecuado para instalarnos y vivir una vida pacífica.

Descubrimos San José casi por casualidad (bueno, lo descubrí yo y a Patricio le gustó) cuando los problemas parecían acecharnos y nosotros, imperturbables continuábamos como si nada, viviendo una vida que nos parecía fácil. Éramos jóvenes y creíamos que nada podía pasarnos.

Primero fueron unos golpes tenues en el techo, luego un llanto triste que parecía infinito y que por momentos parecía nombrar a alguien como pidiéndole por favor algún tipo de compasión.

Patricio no escuchaba nada y me decía que estaba cansada, que hablara con mi médico etc. Por esto y porque ya no soportábamos más tantas peleas por esos ruidos que no nos dejaban vivir, decidimos alquilar nuestra casa y probar suerte allí, en San José, donde estaríamos cerca del río y la gente pueblerina nos recibiría de la mejor manera .

El tiempo pasó, el río fue mi testigo en los momentos oscuros en los que los ruidos me hacían huir de esa otra casa hacia la playa y escapar también de Patricio (que ya había huido de mí sin irse). 

Ahora ando de un lugar a otro, sin casa, sin ruidos y sin llantos eternos ¿Patricio? No lo sé, cada vez que vuelvo a buscarlo me dicen que no lo conocen; mis vecinos me dicen que no existe, que nunca lo vieron y me dan algunas pastillas. Si lo ven, avísenle que alguien tomó nuestra casa del río y que lo único que hace es llorar. Quizá hayan vuelto los ruidos.











domingo, 7 de junio de 2015

Cumbres eternas

En la década del 90 mi vida adolescente se basaba en mirar telenovelas. No fue casual que cada fin de ciclo escolar yo tuviera varias materias desaprobadas. Hecho más que esperable ya que vivía en una realidad que no era la mía sino la de los personajes que de reales no tenían nada. 
En el año 92 canal 13 emitía una telenovela llamada Encadenados que fue la mejor que vi en mi vida. Escenarios naturales, una pareja de jóvenes casi salvajes que no sabían de límites, la ambición, violencia y tantos otros ingredientes que la hacían muy especial. En esa época no teníamos tele a color. Suena raro pero es así. No teníamos. La vida en la pantalla pasaba en blanco y negro y nos tocaba adivinar los colores que la formaban, los colores que vestían a los protagonistas.

Una tarde me enteré que esa telenovela era una adaptación de Cumbres borrascosas de Emily Brontë, Con enormes ansias y con pocas esperanzas de que mi economía pudiese alcanzarla, me lancé en la búsqueda de esa novela. 
Pocas librerías en Lanús en ese entonces, yo no viajaba sola a capital y los libreros me decían que solo me la podían ofrecer en inglés. Entonces yo volvía desanimada y pensando que nunca iba a leerla (internet no existía, ni pensar en la virtualidad en esa época) hasta que imaginando el "no la tengo", entré a una librería muy chiquita atendida por un señor muy viejito que me aseguró que la tenía pero en su casa: "vení mañana que te la traigo".
Fui. Claro que fui. Recuerdo que tenía diez pesos para comprarla; hace 23 años con esa plata podíamos comprar libros. Aunque, pensaba, si no se conseguía, seguramente me iba a costar muy caro.
"Si, te lo traje. Dame nueve pesos y listo". La felicidad era ese momento. Tanto tiempo buscando un libro sin esperanzas y de pronto lo tenía en mis manos. No hubo emoción más grande.
Tres horas me alcanzaron para leer los treinta y cinco capítulos. Tres horas en las que Heathcliff y Catherine se convirtieron en personajes fundamentales en el mundo imaginario de mi adolescencia. Pude imaginar sus caras, sus voces, sus actitudes. Pude recorrer el páramo de Gimmerton en Yorkshire y sentir la desesperación de Heathcliff y sus deseos de venganza. Odié a Catherine y la culpé de toda su desgracia. Y qué decir de la violencia de Joseph y Hindley, del cariño incondicional de Ellen...cada personaje tuvo vida y la recobra cada vez que la leo.
Umberto Eco hablaba de los huecos que se rellenan cuando uno relee y es cierto: siempre se encuentran cosas nuevas aunque nada cambie.
 Los personajes de los libros no mueren, aunque mueran. Los libros nos permiten vivir en mundos imaginarios en los que podemos ser protagonistas, en los que podemos vivir una y otra vez.
Un alumno me dijo un día que los libros nunca iban a ganar ante la tecnología pero yo me atrevo a decir que son ellos en sus páginas, en sus ficciones, con sus personajes y sus historias los que nos pueden salvar aunque la vida se viva delante de una pantalla.



domingo, 17 de mayo de 2015

Una suerte pequeña. Mi humilde opinión.


Es cierto que uno no vuelve a ser el mismo después de leer un libro y que es dificil decir hasta dónde pueden llegar las palabras.

Leí de Claudia Piñeiro sus policiales. Me gustaron. Me gusta más la agilidad de su trama que el hecho policial en sí mismo. Me gusta porque cumple con todas las reglas del policial que todo escritor de policiales debe saber. Me gustaron. No me encantaron. Claro, opino como lectora dejando mi título de lado porque no estoy en condiciones de juzgar la escritura de nadie.

Cuando salió Una suerte pequeña pensé en comprarlo porque su nombre me remitía a Guillermo Martínez, mi escritor favorito. No sé por qué pero me recordaba algún título suyo. Después me negué porque ya tengo bastante para leer. Me negué dos días aproximamente. Al tercero lo compré y no hubo arrepentimiento.

La novela trata un drama familiar muy profundo y sobre todo, cómo se rearma una mujer después de tan tremendo drama. La maternidad, la fatalidad, la soledad, el abandono, la identidad. Todo en una novela que duele, que conmueve, que emociona, que vuelve a doler.

Uno de sus personajes, Robert, dice que quizá nos identificamos con los personajes de la literatura porque algo tienen, "un gesto donde podemos ser ellos" (p. 179) y así pasa con Marilé: sus dolores más profundos tienen que ver con los nuestros.

Una de mis pequeñas suertes fue leer este libro y saber que toda mujer dañada puede rearmarse y que "Quizá la felicidad sea un instante donde estar, un momento cualquiera en el que las palabras sobran porque se necesitarían demasiadas para poder contarlo... La felicidad como una imagen para contemplar en silencio.


domingo, 3 de mayo de 2015

BASURA- Monólogo interior-


Otra vez las miradas. Sueño con esos ojos que me perturban. De mañana, de tarde, hasta de noche siento su mirada y tengo miedo ¿Quién podría decirle algo si yo hablo? ¿Quién me creería? Me molestan sus ojos de buena persona. Me molestan sus palabras de cariño. No es cariño. Eso no es cariño.

Yo no provoqué nada aunque todos crean que sí, porque es más fácil creerle a una persona enferma. Y voy a escribir para que alguien sepa la verdad, entonces quedarán esas palabras si yo desaparezco. En algún momento las encontrarán. Cuando termine de escribir lo que me pasa voy a dejar a la vista el diario, a la vista o en algún lugar accesible a donde vayan a buscar cuando sea necesario.

Ahora tengo que salir y verlo y tolerar que me llame por mi apodo. Ay, no, hoy seguro vuelve la mujer ¿Nadie ve lo siniestros que son? Ella que me dice que le haga caso, que está enferma y no puede pero yo sí porque soy joven y él me quiere tanto. Voy a vomitar. Vomito de tan solo pensar. Ay mamá ¿no te das cuenta? Dejá de llamarlo para que arregle cosas.

Mejor me voy. Es tarde y acá ni siquiera me dejaron café hecho. No quiero pensar más ¿Pero cómo hago para no pensar en lo que puede hacerme? Basta, basta ¿Dónde dejé mi bolso? Debería estar prohibido tener educación física con este frío. Ahí está. Qué desgracia.

Ojalá cuando vuelva ya se haya ido con sus bolsas de basura a otra parte.


Copyright©Silvana Buono. 


domingo, 19 de abril de 2015

LUISA. Taller de escritura de cuento LA ARGAMASA


Era tarde. Yo me encontraba parada en una esquina esperando que cambiara el semáforo, cuando una mujer me pidió que la ayudase a cruzar esa calle.
Me quedé mirándola porque se parecía mucho a mi abuela y hasta me tomó del brazo de la misma forma en que ella lo hacía. “No me dan las piernas, nena” me dijo.
No pude contestarle nada porque un nudo en la garganta ahorcó mis palabras. Esa misma frase me decía Luisa. Luisa era mi nona y murió hace casi una década pero nos dejó muchos años de recuerdos que incluyen tardes en su casa, domingos en la plaza del barrio y paseos interminables por la calle Florida. Conocí a sus hermanos por sus recuerdos. Conocí su tierra por la melancolía de sus palabras. Conocí pocas personas tan rectas y tan bellas como mi nona.
Yo siempre quise ser como ella.

Llegamos a la vereda y la mujer me agradeció con palabras y un beso.
Yo me fui para el otro lado con el nudo en la garganta a cuestas pero giré para verla ir con sus años y su bastón. Tengo que dejarla ir.









Copyright©Silvana Buono. Abril, 2015
Todos los derechos reservados

ARGENTINA TELEVISORA A COLOR. Taller de escritura de cuento LA ARGAMASA



En ese entonces no había en casa televisor a color y la vida en la pantalla se veía en blanco y negro.
El año ´82 pasaba lento y se corría la voz de que algo estábamos ganando.A través de mis ojos de 5 años yo solía ver banderas celestes y blancas que repetía en mis dibujos del jardín sin saber el motivo, como tampoco sabía por qué debíamos escondernos debajo de las mesitas de colores cuando la maestra lo pedía.
Mi recuerdo más presente de esa época de arengas en la plaza principal, de marchas patrias y de uniformes militares, es la nena de pelo claro que cantaba en la tele. La canción hablaba de una carta y de su querido hermano que, según la letra, había sido un buen soldado.
“Es porque fue a la guerra” me dijo mi mamá pero yo no entendí mucho. Creo que aún sigo sin entender.









Copyright©Silvana Buono. Abril, 2015

Todos los derechos reservados

PROFECÍA. Ejercicio del Taller de escritura de cuento La argamasa

 Ya había cumplido los doce años y como varón de esa edad, le había llegado el momento de considerarse hombre. La ceremonia en la sinagoga unos días antes había sido muy emotiva para su padre y para Miriam, su mamá, que la había visto desde el piso de arriba junto con las otras mujeres de la familia sabiendo que ese era el comienzo de una etapa esperada.


Cuando esa mañana despertó vio que el día estaba claro y tibio y que, como ya lo habían empezado a hacer unos días atrás, ayudaría a su padre con el trabajo. El hombre era carpintero y amaba enseñarle a su hijo la tarea que también había aprendido a su edad.


Miriam los veía trabajar desde la ventana con cierta tristeza. Ella sabía. Sabía. Por eso quiso gritar cuando el joven Jesús tomó unos cuantos clavos y una enorme maza para unir las maderas que su padre sostenía.


“No tengas miedo”, sugirió el hombre. Entonces madre e hijo se miraron pensando en lo que vendría.




Copyright©Silvana Buono. Abril, 2015


Todos los derechos reservados