martes, 11 de octubre de 2016

Lucas Pereyra viaja a Uruguay por un día a buscar dólares. También viaja para revivir una historia que idealizó tiempo atrás.
Piensa que a los 40 y pico la vida le está pasando por encima y quiere un cambio aunque eso signifique dejar de lado esa misma vida.
¿Qué puedo decir que sintetice lo que creo de esta novela? Que no tiene ni un párrafo de desperdicio, que todos podemos sentirnos un poco Lucas en algún momento, que la narrativa es impecable, vertiginosa y que los personajes son tan verosímiles que hasta podemos reconocerlos/reconocernos. 
Vayan a las librerías e inviertan unos mangos en libros. No sé si comprar libros es lograr la felicidad, pero se le debe asemejar. 
La uruguaya de Pedro Mairal.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Conocí a Carlos Fuentes cuando leí Aura, una nouvelle de género fantástico que trata el tema del doble. Aura es a mi entender una de los mejores textos fantásticos que leí.

Luego seguí por los cuentos y por otro texto fantástico llamado Vlad que obviamente es un intertexto de Drácula.

Hace poco encontré en la biblioteca La muerte de Artemio Cruz, publicada en 1962 y cuya acción se centra en los recuerdos que Artemio, ya en su lecho de muerte, tiene de sus años involucrado en la revolución mexicana y la relación con varias mujeres que lo aman y lo desprecian.

Me falta mucho, mucho por leer de este gran escritor mexicano. Quizá esta novela no sea la mejor de él; pero me interesa destacar alguno de los fragmentos que más me gustaron. 

La narración es impecable, la utilización del lenguaje, una difícil segunda persona, la caracterización de personajes y la ubicación espacio-temporal la hacen imperdible. 



"Una revolución empieza a hacerse desde los campos de batalla, pero una vez que se corrompe, aunque siga ganando batallas militares ya está perdida. Todos hemos sido responsables. Nos hemos dejado dividir y dirigir por los concupiscentes, los ambiciosos, los mediocres. Los que quieren una revolución de verdad, radical, intransigente, son por desgracia hombres ignorantes y sangrientos. Y los letrados sólo quieren una revolución a medias, compatible con lo único que les interesa: medrar, vivir bien"

La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes.

jueves, 16 de junio de 2016

Canela, amor y revolución en El rastro de la canela de Liliana Bodoc

Terminé esta novela juvenil de Liliana Bodoc que compré porque me aseguraron que estaba ambientada en 1816 y yo estaba buscando algo de esta época para mis cursos. Un autor de literatura juvenil y editor de la novela cuando salió, me aseguró que Bodoc no fallaba y a pesar de que leí poco de ella, afirmo que es así.
No llega a 1816, más bien arranca un par de años antes de 1810 y la acción principal se ubica durante el comienzo del período revolucionario que terminaría en los hechos de julio. 
Una historia de amor entre dos personas diferentes, en una época llena de diferencias que algunos tratan de unir pero muchos insisten en mantener separadas. 
Me gustó mucho y pueden leerla fácilmente chicos de 10 años en adelante, quizá. Léanla a sus niños.

domingo, 6 de marzo de 2016

Una carta de amor. Julio Cortázar



Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.  


domingo, 27 de septiembre de 2015

Ejercicio de taller. Descripción de personaje.

SOBRE LA TRISTEZA

Varios años después de la muerte de Catalina, Heathcliff solía pasar las horas previas al anochecer sentado en la misma roca en la que tantas veces había esperado a su Caty cuando eran jóvenes. Ciego ya de esperanzas que ni siquiera su hijo podía darle, observaba cómo el tiempo pasaba en la soledad más profunda. Se permitía en esos momentos llorar. Secaba lágrimas con sus manos hirsutas, oscuras, endurecidas por el trabajo impiadoso de su niñez y adolescencia.
Había pasado mucho tiempo ya desde que el viejo Earnshaw lo había traído a ese páramo olvidado donde viviría una vida llena de golpes que él devolvería más tarde.Su claridad de pensamiento para planificar una venganza y el cumplimiento de la misma, le llenaron el corazón de rabia y lo habían avejentado, aunque era aún un hombre joven. Y por más que cualquiera podía pensar en que mucha vida la quedaba por vivir, su cuerpo rasgado por la angustia pedía ya el descanso.Heathcliff, con su rostro oscuro, su piel ajada, con el alma llena de adioses y un sonrisa apenas visible en su boca como recordando algún lejano momento feliz, esperaba sentado en la roca que Catalina fuera a buscarlo.

Copyright @SilvanaBuono


domingo, 30 de agosto de 2015

LOS FALSOS PROFETAS Copyright @silvanabuono


El profeta del barrio no pudo levantarse esa mañana. Ni un músculo se le movía. Quiso llamar por teléfono a algún conocido, pero la fiebre era tan elevada que no recordaba ni un solo nombre. “Te ordeno que salgas” y “sólo efectivo” era lo único que podía musitar.
Había una larga fila de personas. Pobres personas. Eran pobres al entrar, pero más lo eran al salir porque les robaban sus monedas y hasta la fe que les quedaba.
Horas bajo un sol que quemaba impiadoso. Pero todo valía si era para ver al Obispo Hilario expulsar a los demonios que, según él, les estaba cobrando la vida.
El tiempo pasaba, la gente se acumulaba y el autodenominado obispo no aparecía. Ese mismo que prometía soluciones mágicas a quienes ya no podían esperar no los recibía.
Llegó el mediodía y el sol no daba tregua y los desesperanzados empezaron a alterarse. Entonces decidieron que si el profeta no iba ellos, ellos irían a él. Aquellos que podían caminar, incluso los que estaban en silla de ruedas no respetaron al hombre de negro que impedía el paso y con una fuerza que no parecía propia, entraron al lugar que se conocía como templo, pasaron por una puerta minúscula con cortina de cañas y allí estaba Hilario, casi muerto, casi vivo.
Como no podía curarse solo, los fieles repitieron una y otra vez, casi en trance, sus fórmulas para salvarlo y entonces vieron una luz muy fuerte que entraba por la ventana y los envolvía y los limpiaba. Eso. Los limpiaba. “¡Milagro! Hilario se sanó y nos sanó ¡Milagro!”, gritaban todos sin querer aceptar la ceguera que les quedaba.
“Milagro de Hilario”, dijeron. Está escrito.

sábado, 27 de junio de 2015

TRIBULACIÓN




¿Cómo pudo haber sucedido? ¿Cómo pude dudar de las palabras que yo mismo proclamaba?

No creí en sus promesas. No creí en mis palabras y, sin embargo, la gente me creyó. 

Me di cuenta de lo que pasaba en el mismo instante en que vi que casi la totalidad de la gente que aquí estaba y me escuchaba, ¡me escuchaba! había desaparecido dejando sus pertenencias en los asientos. 

Espero que se entienda: no se fueron de la iglesia. El Señor vino a buscarlos como prometió en Su Palabra. 

Años de mi vida dedicados a proclamar 1 Tesalonicenses 4:13-18, años pidiendo a la gente el arrepentimiento para poder ser parte de lo que Dios tenía preparado para sus hijos sin tener yo nada de la fe que estaba reclamando.

¿Qué me queda ahora que estoy solo con un puñado de otros que también dudaron? ¿Qué me queda ahora que Sofía y Paulita se fueron porque sí creyeron verdaderamente? Me resta pedir perdón y volver a confiar porque no es fácil lo que viene; porque ya nos están buscando y no tardarán en hallarnos. 

Debemos protegernos con la mayor arma: La Palabra. Y defendernos, antes de que el príncipe que cayó se proclame aquello que no es. 

Solo fe.